
Créditos de imagen: Resume Genius en Unsplash
Si eres freelancer, es muy posible que te hayas quejado por la conducta de alguno de tus clientes al menos una vez.
Que si no ha pagado a tiempo…
Que si no cumple con su parte del acuerdo de servicio…
Que si a cada rato solicita cambios no estipulados…
Que si escribe a horas no adecuadas…
Que si impone sus condiciones…
Podría extenderme en la lista de situaciones que se pueden dar, pero creo que ya captaste el punto.
Y también es posible que alguna vez dijeras esto en voz alta:
«Los clientes no respetan».
«Los clientes no valoran lo que hago».
«Hay que educar a los clientes sobre el valor del servicio»…
Y voy a ir al grano:
LA CULPA ES TUYA
Porque tú como dueño(a) de negocio lo has permitido.
Porque no has aprendido a decir “NO” cuando ha hecho falta.
Porque no comunicas tus condiciones de manera abierta.
Porque crees que quien pone el dinero tiene derecho a tratarte como su empleado.
Porque no has sabido filtrar a tus clientes.
Puedes poner como justificación (para no llamarlo excusa) que necesitas el dinero…
Pero tu “justificación” no justifica que te victimices…
Ni que aceptes migajas por lo que vales.
El valor que te da tu cliente depende del valor que te des tú y de cómo te plantes para defender tu negocio. No hay escapatoria.
Y la persona que no esté de acuerdo con la forma en que defiendes tu negocio… sencillamente no puede ser tu cliente.
Una buena medida para empezar a filtrar es incluir contenido en tu web y redes sociales que hable sobre la forma en la que trabajas, sobre los valores de tu negocio y sobre tus reglas; en especial, aquellas que llamamos “innegociables”.
Así, quien empieza a conocerte sabrá de antemano si está dispuesto(a) a contratarte, y si no lo está, sabrá que puede irse por un tobogán sin que te afecte.
Antes de que se me olvide, hay algo muy importante que debes recordar:
Una persona es tu cliente mientras paga por lo que recibe de ti. El día en que deje de pagar, pierde los derechos asociados con el servicio que le ofreces.
En tres palabras: detienes el servicio.
¿Te parece radical? Revisa qué pasa si no pagas un servicio de tu hogar: el cable, la conexión a internet, el teléfono….
Te lo cortan. Y ya.
¿Cuál es la diferencia con el servicio que ofreces? Piénsalo.
Hasta aquí la lección de hoy. Si necesitas apoyo con tus procesos y tus políticas frente a tus clientes, podemos trabajarlo juntos en una sesión de consultoría.